Al parecer todo lo bueno se acaba con un simple gesto. Sin darte cuenta caes en las redes de la tristeza y de la soledad tan rápido como un chasquido de dedos.
Las lágrimas de Kate se confundían con las gotas de agua que caían de la ducha. Atrapada tras aquella mampara y tres paredes, fue víctima de la juventud perdida. Aquellos amigos que nunca tuvo. El primer beso que jamás disfrutó.
El amor una vez más ignoró su vida.
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