domingo, 24 de marzo de 2013

Cupido y sus estúpidas flechas...

Y otra vez.
Sin que te des cuenta, todo vuelve a como estaba antes. Todo lo que habías construido durante el tiempo que faltó en tu vida para olvidarle, se ha caído de golpe con tan solo verle. Todavía quedan algunos cimientos gracias a que sólo le has visto, no hablado. Pero es la misma historia una y otra vez.
¿Por qué cupido no me quita la flecha del todo? ¿Por qué todo es tan duro y difícil de superar? ¿Por qué no puedo odiarle y ya está? Sería mucho más fácil si me dejara de tonterías; por ejemplo, de escribir por él en cada momento que algo nuevo surge  ¿No ha pasado ya su tiempo desde entonces? ¿Por qué sigo comiéndome el coco y comiéndole el coco a los demás?
Nadie se merece esto. Y menos yo.


viernes, 22 de marzo de 2013

Para ti.


Devoro los libros tanto como devoro tus labios cuando me besas.
Observo el cielo tanto como observo tu mirada inocente.
Acaricio el césped tanto como acaricio tu cabello.
Huelo la primavera tanto como huelo tu aroma.

Pienso tanto como pienso en ti.

Nunca digas nunca pero, ¿jamás?

─ Supongo que esto se acabó...
─ ¿A qué te refieres?
─ A lo nuestro.
─ Nena, ¿es que ya no quieres seguir conmigo?
─ No es que no quiera seguir contigo... Déjalo, es mejor que no te dé explicaciones.
─ ¡Pero yo las quiero! Es más, ¡las necesito! Si no, ¿de qué otro modo podría hacerte cambiar de opinión?
─ No intentes hacerme cambiar de idea. Si yo he decidido esto, tendrá que ser así. Me he cansado de esperarte día tras día.
─ ¿Me... me has estado esperando todo este tiempo?
─ Vaya que si lo he hecho. Cada noche, cuando terminaba el día, esperaba sentada en el sillón del ático con el portátil en las piernas y un té con pastas para poder amenizar el tiempo, durante... qué sé yo... ¿quince meses? Deseaba que llegara el fin de semana para poder esperarte más tiempo, incluso cuando me iba al bar del pueblo de al lado. Cuando llegó mi cumpleaños, esperé ansiosa tu felicitación aunque intentaba convencerme de que nunca más volverías.
─ No sé qué decir...
─ Ya no hace falta que digas nada. Nunca lo has hecho. Por un día más, ¿qué puedo esperar?

Corté por lo sano. Cerré el ático con el portátil dentro. No volveré a subir para esperar... Jamás.

jueves, 21 de marzo de 2013

¿En el mundo al revés?


Cuando estamos tristes y queremos evadirnos del mundo, a veces cogemos un cuaderno o su propio ordenador y nos ponemos a escribir lo mal que nos trata la vida o, para algunos, la suerte; ponemos en el reproductor de música aquellas canciones que hablan sobre lo que nos aflige. Lo peor de esto no es el sentimiento de culpa o tristeza, es que lo escribimos para volver a recordarlo aunque fuera el peor momento de nuestras vidas.
Sin embargo, cuando vivimos nuestra mejor etapa, la más feliz de todas (y suelen ser la mayoría de las veces, no me lo podéis negar) pensamos que siempre será recordado y no nos molestamos en dejarlo plasmado en algún lugar para cuando abramos ese capítulo otra vez, sonriamos al leerlo. ¡Pero no lo hacemos! Y, ¿por qué? Porque de los buenos momentos no aprendemos, simplemente nos estancamos. Descansamos de nuestra mente para hacer lo que nos dicta el corazón.
Pero hay veces que debemos resarcirnos de nuestros errores.

lunes, 18 de marzo de 2013

Escribo por puro placer.

Puede que no sepa escribir correctamente ni sepa seguir un orden apropiado para que me entiendan y no suene precipitado; pero el placer que me da escribir no me lo da cualquier otra cosa. Puede que placer suene un poco exagerado, porque no sólo escribir me produce tal sentimiento, también escuchar música, hacer feliz a los que quiero, bailar, viajar y descubrir nuevos lugares, hablar con él. Lo que de verdad me produce es una vía de escape hacia el interior de mi cuerpo y mente, haciendo que todo lo que me guardo y todo lo que no consigo expresar con palabras quede plasmado en un papel o en una parte de Internet que, para mi alivio, no podrá ser juzgado en el momento y, aunque lo fuera, tendría tiempo de sobra para analizar una y otra vez lo que he planteado.
Hablaría de todo esto y mucho más si no fuera por mis inmesas ganas de seguir aprendiendo de la gente, de los libros, de la música o de ti.