─ Supongo que esto se acabó...
─ ¿A qué te refieres?
─ A lo nuestro.
─ Nena, ¿es que ya no quieres seguir conmigo?
─ No es que no quiera seguir contigo... Déjalo, es mejor que no te dé explicaciones.
─ ¡Pero yo las quiero! Es más, ¡las necesito! Si no, ¿de qué otro modo podría hacerte cambiar de opinión?
─ No intentes hacerme cambiar de idea. Si yo he decidido esto, tendrá que ser así. Me he cansado de esperarte día tras día.
─ ¿Me... me has estado esperando todo este tiempo?
─ Vaya que si lo he hecho. Cada noche, cuando terminaba el día, esperaba sentada en el sillón del ático con el portátil en las piernas y un té con pastas para poder amenizar el tiempo, durante... qué sé yo... ¿quince meses? Deseaba que llegara el fin de semana para poder esperarte más tiempo, incluso cuando me iba al bar del pueblo de al lado. Cuando llegó mi cumpleaños, esperé ansiosa tu felicitación aunque intentaba convencerme de que nunca más volverías.
─ No sé qué decir...
─ Ya no hace falta que digas nada. Nunca lo has hecho. Por un día más, ¿qué puedo esperar?
Corté por lo sano. Cerré el ático con el portátil dentro. No volveré a subir para esperar... Jamás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario