jueves, 14 de junio de 2012

Esperanzas perdidas,

Por fin un momento de relax en el cual pudo retomar su escritura y su "vida social". Como siempre, cero mensajes en el correo, cero visitas a su blog y cero ganas de hablar con alguien. Se dispuso a cerrar el portátil cuando un nuevo mensaje instantáneo del messenger se mostró en pantalla. «Joe.», leyó. Se hizo de rogar y, a pesar de todo, no pudo esperar más y continuó la conversación.
Tres horas que se pasaron en un abrir y cerrar de ojos cuyo tema que más predominaba era idioteces de amor no correspondido.

Una tarde en clase de baile, Angele recibió una llamada perdida de Joe. Esbozó una sonrisa al leer el nombre que tantas veces había escuchado y dicho en clase. Se acordó entonces de que él podía llamarla las veces que se sintiera de bajón pues ella estaría dispuesta a escucharle y más. Cuando dieron las 18:00, recogió sus zapatillas de ballet, se arregló un poco y salió pitando de allí para poder llamarle. Esperó unos instantes para retomar el aliento perdido y marcó su número.
–¡Hola Angele!
–Acabo de ver tu llamada. Lo siento estaba bailando.
–No te preocupes, me acordé en cuanto marqué.
–Que fuerte... ¡Ni te acordabas! –finjió molestia. Joe se rió.
–Últimamente me estoy poniendo las pilas para sacar el curso y, quieras o no, el cerebro se va atrofiando –se burló.
–¡Anda ya! Para dos asignaturas que tienes y se te atrofia el cerebro, a mí entonces ¿el cerebro se me va a desintegrar? –Joe soltó una carcajada que ésta acompañó al instante.–Bueno, ¿qué querías?
–No te lo vas a creer, Angele. Estoy la mar de contento en estos momentos.
–¿Y a que se debe esa felicidad repentina? –indagó nerviosa, se temía algo malo (para ella, obviamente).
–Antes que nada, perdóname por no haberte telefoneado antes, he encontrado curro y ahora estoy súper liado...
–¡Oh!, ah... no te preocupes, hombre. Me suponía que estuvieras... ocupado. –titubeó– Cuéntame eso tan importante Joe, que me tienes intrigada.
–¡Ah, sí! ¡He vuelto con Ronnie!

Pasaron 3 semanas después de la nueva reconciliación. Ahora la que seguía rota era Angele.
¿Cómo pudo ilusionarse con él de esa manera? ¿Cómo pudo abrir la puerta de su corazón y quedarse? Y lo más importante que se preguntaba: ¿Cuándo se iría de allí?
Por mucho que su mejor amiga la animara llevándola con sus nuevos amigos de la universidad, por mucho que Will le dijera cosas graciosas para sacarla una sonrisa, por mucho que su hermana y su madre la dijeran que él es un chico del montón; no se merece a nadie como tú y por mucho que su prima se la llevara de compras por el centro de la ciudad, seguía triste y desolada. Los estudios iba de mal en peor y no se mostraba tan radiante como antes lo hacía; y eso que antes Joe estaba con Ronnie. Pero esta vez era diferente... A tan solo una frase esperanzadora quedó todo aquello vivido. Una frase esperanzadora que ahora no tiene significado alguno; es más ¿antes tenía significado?

martes, 12 de junio de 2012

Oportunidades.

Nunca se había planteado la posibilidad de que Joe tonteara con ella en clase. Ahora se preguntaba que si estaba actuando de aquella manera era porque ¿le gustaba?. Antes de ayer no se lo dejó muy claro. Sí, dijo que empezó a sentir algo que nunca había sentido, pero ¿en qué sentido?.
Tras haber hablado con su prima de aquello se sitió mucho mejor y más positiva. Desde luego que seguiría destrozada –como a principios de mes– si no fuera por todo el apoyo de sus amigas y sus primas. Quiso hablarlo con su mejor amigo, Will, pero no quería ninguna opinión masculina al respecto, aunque no le vendría mal un poco de «ayuda experta».

Hoy las clases pasaron lo más normales que podían ser las clases, ya que el instituto nunca era normal; es más, nunca era divertido. Se alegró de haber salido más pronto puesto que estaba repitiendo y no iba a asistir a todas las clases como si estuviera matriculada, de hecho sólo lo estaba en dos asignaturas, pero por instrucción y responsabilidad debía acudir a las que se presentará en selectividad el próximo año.
Sin previo aviso, vió a Joe apoyado en un coche, como si estuviera esperando a alguien. Se dio cuenta que la estaba esperando a ella misma cuando alzó la vista y la sonrió mientras miraba para ambos lados y se acercaba a la puerta.
– ¡Hola! –dijo muy animado.
– Hola... –pronunció incrédula tras cerrar la puerta– ¿Qué haces aquí?
– Sabía que salías ahora y como tuve clase anteriormente decidí esperarte –sonrió. Angele le devolvió la sonrisa (aún si creerse lo que estaba viendo) y se pusieron en marcha.
Tras un breve pero intenso período de tiempo, Joe decidió romper el silencio.
– ¿Qué tal las clases? ¿Esto es muy duro, eh? –eso último lo dijo con un toque sarcástico. Angele rió.
– Vamos... no puedo con tantas asignaturas. Es una gran responsabilidad. –rió brevemente– Aunque, yo tengo más que tú, chato –reconoció mirándole amenazante.
– ¿Qué tienes tú, a ver? –rió socarronamente– Bah, arte y literatura, eso no es nada – Angele se le iluminó la mirada al comprobar que no se había olvidado de cuántas y cuáles le habían quedado. ¿En qué estaba pensando? Sabía perfectamente que Joe tenía muy buena memoria.
– Me lo dice el que ha suspendido inglés y lengua, que hay que ser tonto para suspender ese tipo de asignaturas –encaró divertida.
– Qué graciosilla... Cimborria –ella rió.
– Veo que aún te acuerdas de los términos de arte –dijo alegremente «No se ha olvidado de nada», pensó. Sin querer se le dibujó una enorme sonrisa en el rostro.
– No como tú. Claro, yo no suspendí arte –la miró divertido y de soslayo pudo ver como borró esa sonrisa para fingir enfado propinándole un leve codazo. Ambos estallaron en risas.

Hablaron de casi todo menos de sus sentimientos. Pensaban que aún no estaban preparados para hablar de ello en ese momento; momento en el que se estaban reconciliando, en el que no importaba nada, sólo el tiempo que pasaran juntos.
Era la primera vez que él la acompañaba casi hasta su portal. Digo casi porque ella insistía en que no se molestara en acompañarla hasta incluso para dar de comer, algo que Joe lo encontró como método de burla para que la molestara otro rato más, algo que Angele le pareció divertido, dándose cuenta de una cosa: Joe, volvió a ser el de siempre.
Sin duda estaba siendo un buen empiece de semana.

viernes, 8 de junio de 2012

Reconciliación y ruptura.

Una tarde, Angele decidió acompañar a su amiga a la autoescuela. Sabía que el sitio estaba en la misma calle donde Joe vivía, pero ya habían pasado varios meses desde que hablaron por última vez. En realidad hacía tres días que no se veían, aún así no se dirigieron la palabra después de haberle dejado claro que él rehuía de ella.
Una vez que su amiga entró en la autoescuela, decidió esperarla en un pequeño parque de columpios lleno de bancos hasta la hora de salida; total, sólo era una hora de espera, no iría a casa para luego volver a buscarla. Se sentó en el primer banco que pilló y sacó el libro que hacía una semana empezó a leer. Pasaron veinte minutos cuando una sombra apareció a su lado.
– Hola.
Angele dejó de leer para alzar la vista. No pudo creer lo que vió. Fingió no haberse sorprendido antes de contestar.
– Hola –dijo dibujando una leve sonrisa. Agachó la mirada hacia el libro intentado continuar el párrafo, pero con su presencia no podía concentrarse. Él pareció vacilar.
– ¿Puedo sentarme?
– Claro –contestó sin mirarle directamente. De soslayo pudo ver como Joe vacilaba unos segundos antes de sentarse. Se inclinó hacia delante, apoyando los antebrazos en sus piernas abiertas, metiendo la cabeza y alzándola nuevamente, como si le preocupara algo.
– ¿Qué lees? –miró de soslayo a Angele. Ésta le enseñó la portada.
– La Última Canción de Nicholas Sparks –le confirmó.
Joe asintió ladeando una sonrisa. Angele volvió a leer el mismo párrafo por tercera vez. Tenía claro una cosa: ella no iba a caer en sus redes y no pensaba dirigirle la palabra a pesar de que quería más que nadie saber sobre su vida, sobre lo que había estado haciendo y preguntarle por qué se había comportado de manera incomprensible con ella los meses previos de empezar las clases. Le extrañó muchísimo que él se acercara ahora, cuando ya le dió por perdido, cuando consiguió después de meses y meses de amargura y tristeza olvidarse de él. Cuanto más recordaba eso más se enfurecía, pero no quería perder la compostura, menos ahora que lo había logrado... o eso creía ella.
– ¿Cómo te va todo?
– Bien –titubeó– ¿y a tí?
– Supongo que bien...
Angele dejó de leer. No podía finjir más tiempo. Había leído cinco veces el párrafo y aquella situación le parecía absurda. De reojo pudo ver cómo Joe la miraba en cada movimiento que hacía para guardar el libro en el bolso. Las miradas conectaron después de tanto tiempo.
– Escucha, yo...
– Mira –interrumpió Angele–, me he cansado. No puedo fingir por más tiempo. No sé qué demonios te hice para que de buenas a primeras te olvidaras de todos aquellos momento que vivimos en clase. Vale, todos ellos transcurrían en el aula y poco hacíamos; pero para mí significó mucho el hecho de que fuera la única con quien podías hablar, en quien podías confiar... Si me contabas cosas que ni tu novia sabía, por favor... Yo me esforcé muchísimo en mantener una conversación buena, pero creo que te diste cuenta de que era una aburrida y una sosa porque sólo hablabas conmigo porque... porque... –empezó a tener un nudo en la garganta– porque eres así, eres un chico muy sociable que habla con cualquiera y de eso me tuve que dar cuenta antes de hacerme ilusiones contigo. Eras el primer chico en quien confíaba, en quien contaba todas mis cosas. Eras tú el único que sabía y sabe de mi vida y eso que fueron en ¿seis meses? Pero aunque fueras un compañero me hiciste muy feliz porque tenía a un amigo... –hubo un silencio incómodo dejando paso a sus palabras. Angele rió incrédulamente– Pero a quién pretendo engañar... Tú sólo me hablabas porque no puedes estar callado, necesitas a alguien con quien hablar.
En innumerables ocasiones Joe intentaba hablar, pero no se lo permitía. Ya le daba igual lo que saliera de su boca. Antes le sacaba una sonrisa cualquie tontería que dijera. Ahora todo era diferente.
Angele volvió a coger el libro, esta vez no huiría, no se iría de allí. Todo lo que tenía en la cabeza por fin se lo dijo en persona.
– Lo siento... –dijo Joe en un hilo de voz. Angele volvió a mirarle, esta vez sorprendida–. Siento que te hiciera pasar todo eso que me acabas de decir y en realidad no sé qué decir al respecto porque hubo un momento en todo aquello que empecé a sentir algo que jamás había sentido... –Joe clavó la mirada en sus ojos–. Me he dado cuenta. A pesar de todo, siempre me has preguntado por mí, por mi familia, por mis cosas, por... Ronnie... –se perdió un instante que recuperó a los segundos. Angele tambien se evadió del mundo por un instante al escuchar ese nombre, el nombre de su novia–. He sido un estúpido y un mal amigo –concluyó. Angele desvió su mirada, pero sabía que lo decía en serio.
– Lo eres, no hables en pasado –esbozó una sonrisa divertida, algo que a Joe le gustó e hizo lo mismo. Él sabía que le había perdonado después de todo.
– Quiero contarte mi último secreto... –dijo con un tono triste. Angele le miró fijamente y preocupada– Lo he dejado con Ronnie –pronunció. Su voz sonó algo quebrada, como si quisiera echarse a llorar. En efecto sus ojos se llenaron de lágrimas que intentaba oprimir, pero no consiguió esconderlas. Angele no podría imaginarse lo duro que debe ser esa ruptura. Llevaban tres años saliendo y era su primera novia.
– ¿Quieres estar solo? –propuso Angele con una voz dulce. Pensaba que alomejor, en situaciones como esta era mejor dejar a las personas solas con sus pensamientos. Además, el parque estaba vacío a causa del frío que anunciaba el otoño. Joe sacudió la cabeza.
Después de vacilar unos instantes Angele abrazó fuertemente a Joe mientras él sollozaba y sus lágrimas se depositaban en el cabello ondulado de Angele.
Era la primera vez que lloraba y que le veían llorar.

jueves, 7 de junio de 2012

Introducción

Con tan sólo diecinueve años aún no ha conocido al amor de su vida. Ni si quiera ha tenido el placer, y nunca mejor dicho, de que un chico la pidiera liarse o acostarse con ella.
Ante esto se siente insignificante, poca cosa para la humanidad. Hace poco ha vivido experiencias maravillosas y nuevas para ella: su mayoría de edad, su primera graduación (lo que conlleva a su primera fiesta), su segunda fiesta, su primera experiencia emocional, sus primero buenos amigos, su tercera fiesta... Haría una lista interminable de cosas buenas que creía que sólo pasaban una vez en la vida, pero se dio cuenta de que lo bueno puede acabarse pero siempre hay algo nuevo por descubrir.
Hoy fue su primer día de clase (de nuevo estaba en el instituto porque había repetido) y como siempre se sentia inferior al resto. Se encontró con sus amigos y entre ellos estaba Joe. El chico por el que, desde hace tres años, suspiraba.
El curso pasado fue cuando se conocieron de verdad. Ya se veían desde 4º de la ESO y comenzaron a hablar en 1º de bachillerato; pero el curso pasado fue especial, MUY especial.

domingo, 3 de junio de 2012

Good or bad.


A lo mejor es que no soy buena persona. A lo mejor he estado mintiendo y haciéndome creer que lo soy cuando en realidad nunca me he portado bien con nada ni con nadie. Probablemente sea eso por lo que estos momentos en mi vida son difíciles y... extraños. Nunca me había parado a pensar en si en realidad soy una persona moralmente correcta o un desastre endemoniado con patas. ¿Es posible que las 'chicas malas' pueden ir a cualquier parte? ¿Y que las buenas siempre salen perdiendo en todo? Si fuera cierto que las malas consiguen todo, ahora mismo no estaría así. ¿Puede entonces que sea buena? Según parece, veo triunfar más a gente buena que a gente malvada. ¿Puede, pues, que sea mala?
Mi conclusión al respecto es inconcluyente.

Teorema de una sonrisa.

A sonreír se aprende habiendo llorado mucho. Cuando te suena demasiado cualquier principio. Cuando deja de sorprenderte cualquier final.
A sonreír se empieza en cuanto se aprende a soñar flojito. Es inefable. Pásate varios años con demasiadas ilusiones sin cicatrizar, y a todos tus sueños les acabará saliendo una arruga. Y como no los vayas revisando y actualizando de tanto en tanto, algún día te verás explicándoles por qué ya no pueden salir a la calle vestidos de marinerito.
Pero hoy no quiero hablar de sueños. Sino de sonrisas. Y hay muchísimas maneras de estirar la boca.
Para empezar, uno puede sonreír para sí mismo o puede sonreírle a otro. Se trata de sonrisas completamente distintas, sobre todo porque mientras la primera es por donde se escapan ideas alegres y recuerdos indelebles, la segunda constituye el símbolo universal de la complicidad. En este último caso, muchos aseguran que dedicarle a alguien tus labios puede resultar tan contagioso como un bostezo en el metro.
Luego están las sonrisas que enseñan los dientes y las que se hacen las interesantes. Nada que ver las unas con las otras. Creo recordar haber leído que el ser humano, junto a algunos primates, es el único animal del planeta que no enseña los dientes como señal de defensa o agresividad, sino justamente de todo lo contrario.
A partir de ahí, todas las demás. Sonrisas de idiota y sonrisas de listillo. Sonrisas falsas, sonrisas malignas, sonrisas tímidas, arrogantes, sonrisas payasas y sonrisas desesperadas. Sonrisas que invitan a un primer paso y sonrisas que declinan toda invitación. Sonrisas verticales, horizontales, de medio lado, de medio pelo y hasta en diagonal.
El catálogo de sonrisas humanas se complementa con formas de bocas, accidentes faciales y jardines dentales, hasta crear las infinitas combinaciones que en teoría, y sólo en teoría, deberíamos estar presenciando continuamente.
Y es que una variable clave dentro de esta inusual ecuación consiste en el momento en el que decide hacerse presente. Para cualquier otra expresión física, hay que tener muy en cuenta cuándo se manifiesta. Para la sonrisa, no. Da igual la situación en la que te encuentres, una sonrisa bien dibujada siempre te va a ayudar, a ti y seguramente a los demás también. Sí, incluso en un tanatorio, en un accidente y en una ruptura sentimental.
Para terminar, matización importante. No confundirse. Sonreír no tiene nada que ver con reír. Simplemente comparten letras. La sonrisa crece. La risa estalla. La sonrisa calla. La risa berrea. La sonrisa escucha. La risa habla. Pero si se puede sonreír incluso mientras se llora. Con eso está todo dicho.
De cualquier modo, si hay algo que realmente me fascina del acto de sonreír es lo mucho que se obtiene frente a lo poco que cuesta. Lo poco que abunda frente a lo gratis que es.
Lo bien que conozco el teorema.
Lo poco que me lo sé.

sábado, 2 de junio de 2012

Studying PAU.

A falta de entradas hoy escribo dos porque no sé si hasta el viernes podré actualizar el blog.
Esta semana es crucial porque tenemos la selectividad a la vuelta de la esquina y mi cerebro necesita oxígeno. Por mucho que abra la ventana no respira.
Me han pasado muchas cosas, pero puedo hacer un balance de este año: THIS YEAR SUCKS. Sí amigos. O me he tomado muy al pie de la letra lo del fin del mundo o es que en realidad he empezado con mal pie. Es más lógico la segunda opción.
En fin, me duele la cabeza.

XOXO.

Lo más rock&roll de por aquí

Sí, aunque no os lo creais, he vuelto. Echémosle las culpas a que es sábado, estoy mala, no voy a salir y me aburro demasiado. Es igual, sea por lo que sea me ha dado la vena y aquí estoy, porque en el fondo lo echaba de menos.