viernes, 3 de agosto de 2012

─ ¿Por qué no te acercas y me das un beso?
─ Si no te gusta, anda ─guiñó el ojo.
─ No lo sabremos hasta que no lo pruebe… ─dijo él acercándose─ ¿No te molesta que esté tan cerca?
─ ¿Bromeas? ─rió tímidamente.
─ Nunca bromeo ─respondió a escasos centímetros de su boca.
─ ¿Y ahora qué? ─le preguntó sin dejar de mirarle a los ojos.
─ Déjate llevar.
Mientras ella sostenía con la mirada sus ojos, él empezó a morderse el labio inferior mirando directamente a sus labios. Él se la aferró por la cintura, y mientras juntaban sus frentes, ella no dejaba de sonreír. Ambos cerraron los ojos y, lentamente, rompían las distancias. Sus bocas empezaron a jugar entre sí, abriéndose y cerrando respectivamente. Ella subió sus manos hasta su cuello. Él había bajado sus manos a las caderas. Sólo se oían las respiraciones entre cortadas y algunas risotadas de timidez que ella lanzaba. Él las acompasaba con una ancha sonrisa, pero él quería seguir besándola.

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