- Quiero decirte algo.
- Dime. -Dijo esbozando una sonrisa.
No sabía cómo empezar y me llevé las manos a la cabeza.
- ¿Te ocurre algo? -Se acercó preocupado.
- Es que no sé cómo empezar. -Comenté nerviosa.
- Pues... -miró a los lados- desde el principio.
Reí.
- Verás... -titubeé- Desde hace mucho siento algo dentro de mí que nunca había sentido. Es como si miles de mariposas revolotearan en mi estómago; no tengo apetito y a veces siento hasta náuseas...
Él soltó una carcajada.
- ¡Eso que sientes se llama amor! -Exclamó feliz- ¿Quién es el afortunado?
Cuando lo preguntó, en un acto reflejo, me llevé las manos a la cara. Él rápidamente se dio cuenta y me abrazó fuertemente, como si no quisiera soltarme. Sin embargo, sabía que tenía que dejarme marchar. Él estaba sintiendo lo mismo que yo pero por otra chica. Su novia.
No sé si lloré más por saber que nunca será mío, aún habiéndoselo confesado después de guardármelo años; o por haberme abrazado dándose cuenta de todo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario