Tal vez me haya acostumbrado a despertar a tu lado con el "¡Buenos días, cielo!" que me susurras cuando aún estoy en trance. A tus besos en la mejilla que, a continuación, hacen desperezarme. A tu torso desnudo. A tus bóxer negros. A tu pelo corto, castaño y despeinado. A tu sonrisa que me dice alegrarse de verme a tu lado. A tus brazos saludando al Sol desde la ventana. A tus piernas y pies que andan libremente por la habitación en busca de ropa. A ese aroma inconfundible que se mezcla entre mis sábanas. A esos ojos que brillan de felicidad una mañana más y que me alegran el resto del día.
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