jueves, 6 de febrero de 2014

Felicidad en estado puro.

Había pasado de evadirme de la realidad a meterme de lleno en ella. Había aprendido a establecer unas metas día a día para poder llegar a mis objetivos. ¡He empezado a hacer ejercicio todos los días! Si conseguía cumplir las cuatro semanas de entrenamiento, podría llegar muy lejos. También me propuse a estudiar todos los días para no quedarme rezagada siempre los últimos días antes del examen, creo que ya era hora de concienciarme.
¿Sabéis cuál ha sido el problema de todo? La poca concentración en mí misma. Así es, ahora que estoy pensando más en mí y en mi futuro, sin que nadie absorba mis pensamientos (como hasta hace nada lo hacía uno que yo me sé), me siento mucho más feliz, con ganas de comerme el mundo y ser mejor persona.
Al fin y al cabo, si no eres feliz por tu cuenta, nadie te hará feliz. ¿No?

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